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Mi rutina de skincare de 4 pasos con RINGANA: cómo empecé a entender de verdad lo que ponía en mi piel

Mi experiencia con la rutina facial de 4 pasos de RINGANA: cómo pasé de usar cosmética sin entenderla a tener una rutina sencilla y adaptada a mi piel.

Yo no empecé a cuidarme la piel cuando conocí RINGANA.

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De hecho, llevo aproximadamente 10 años prestando mucha más atención a mi autocuidado, prácticamente desde que nació mi hijo.

Compraba cosmética.

Utilizaba cremas.

Probaba productos.

Intentaba ser constante.

Así que, si me hubieras preguntado entonces, probablemente te habría dicho:

“Sí, claro que me cuido la piel.”

Y era verdad.

El problema es que había una parte de todo aquello que nunca me había planteado demasiado:

no tenía ni idea de qué me estaba poniendo realmente en la cara.

Compraba porque alguien recomendaba algo.

Porque había leído que determinado producto iba fenomenal.

Porque una crema estaba de moda.

Porque tenía buena pinta.

Pero pocas veces me preguntaba:

¿Qué lleva?

¿Qué función tiene?

¿Por qué utilizo esto antes que aquello?

¿Necesito realmente todos estos productos?

¿Tiene sentido esta rutina para mi piel?

Y eso cambió bastante cuando conocí RINGANA.

Yo ya me cuidaba. Lo que no hacía era entender mi rutina

Creo que esta diferencia es importante.

No quiero contarte la típica historia de:

“Antes no hacía nada y de repente descubrí el skincare.”

Porque no fue así.

Yo sí me cuidaba.

Lo que ocurrió es que empecé a mirar el cuidado de mi piel de otra manera.

A interesarme más.

A preguntar.

A entender para qué utilizaba cada cosa.

Y, sobre todo, a dejar de acumular productos sin tener demasiado claro cómo encajaban entre ellos.

Porque creo que esto nos pasa a muchas.

Tenemos una crema.

Un sérum que vimos en Instagram.

Otro que nos recomendó una amiga.

Un producto que compramos porque estaba de oferta.

Algo para las manchas.

Algo para hidratar.

Algo para no sé exactamente qué…

Y al final tenemos un baño lleno de cosméticos pero ninguna rutina realmente clara.

A mí lo que me conquistó fue precisamente lo contrario:

simplificar.

Mi rutina facial de 4 pasos

Desde que utilizo RINGANA, mi rutina se basa en cuatro pasos muy sencillos:

1. Limpiar

Para mí ahora este es un paso imprescindible.

Antes podía darle muchísima importancia a la crema y muchísima menos a todo lo que ocurría antes.

Ahora la limpieza es el comienzo de mi rutina.

Me gusta esa sensación de empezar con la piel limpia antes de aplicar el resto de productos.

Y, sobre todo, me ayuda a mantener una estructura.

No improviso cada noche dependiendo de lo que encuentre en el baño.

Empiezo siempre por aquí.

2. Equilibrar

Después de limpiar utilizo el segundo paso de mi rutina.

Es probablemente uno de esos productos que hace años habría pensado:

“¿Esto para qué sirve?”

Y precisamente eso resume bastante bien mi cambio.

Antes utilizaba productos sin entender demasiado qué lugar ocupaban.

Ahora me gusta saber por qué cada paso está ahí y utilizar la rutina en un orden concreto.

3. Tratar

El tercer paso es el momento en el que adapto más la rutina a lo que estoy buscando para mi piel en ese momento.

Y esto también me parece importante.

No todas tenemos la misma piel.

Ni nuestra propia piel está exactamente igual durante todo el año o en todas las etapas de nuestra vida.

Por eso yo ya no creo demasiado en copiar exactamente la rutina de otra persona simplemente porque a ella le funciona.

Prefiero entender primero qué necesito yo.

4. Hidratar

Y termino mi rutina con la crema que utilizo en ese momento.

Cuatro pasos.

Sin convertir mi baño en un laboratorio.

Sin necesitar quince productos diferentes cada noche.

Y, sobre todo, entendiendo qué estoy haciendo.

Lo que ha cambiado mi piel desde que utilizo esta rutina

Aquí solo puedo hablarte de mi experiencia.

No puedo decirte cómo responderá tu piel ni prometerte que vas a notar lo mismo que yo.

Pero en mi caso sí siento que mi piel ha cambiado muchísimo desde que empecé a utilizar esta rutina de forma constante.

Y curiosamente creo que el gran cambio no vino de descubrir “un producto milagroso”.

Vino de algo mucho menos espectacular:

tener una rutina que entiendo y que soy capaz de mantener.

Porque antes podía comprar algo, utilizarlo unos días, añadir otra cosa, cambiar de producto…

Ahora tengo una estructura.

Sé lo que utilizo.

Sé en qué orden.

Y sé por qué forma parte de mi rutina.

Para mí eso ha marcado muchísimo la diferencia.

Cuidamos lo que comemos… ¿pero sabemos qué utilizamos sobre nuestra piel?

Esta fue otra de las cosas que empecé a cuestionarme.

Durante estos últimos años he aprendido muchísimo sobre alimentación, hábitos y autocuidado.

Miramos etiquetas.

Nos preguntamos qué estamos comiendo.

Buscamos información.

Elegimos.

Y un día pensé:

“Si me interesa saber lo que consumo, ¿por qué nunca me había interesado igual por la cosmética que utilizo todos los días?”

No lo digo desde el miedo.

Ni creo que tengamos que volvernos locas analizando cada producto que entra en casa.

Yo no vivo así.

Pero sí me gusta tener criterio.

Saber qué estoy comprando.

Preguntar cuando no entiendo algo.

Y elegir conscientemente.

Con RINGANA empecé precisamente a interesarme mucho más por esa parte.

Por las formulaciones.

Por la filosofía de la cosmética fresca.

Por la forma en la que se elaboran los productos.

Y por qué una rutina podía ser sencilla y, aun así, tener sentido para mí.

RINGANA lleva años utilizando el concepto de cosmética fresca y su documentación histórica recoge productos faciales como limpiadores, tónicos y cremas dentro de su gama FRESH.

Pero más allá de la marca, para mí hubo un cambio mucho más importante:

dejé de utilizar cosmética en automático.

No creo que necesites muchos productos

Esta es probablemente una de las cosas que más repito cuando alguien me pregunta por mi rutina.

No creo que cuidarte mejor signifique necesariamente comprar más cosas.

A veces es justo lo contrario.

Entender qué necesitas.

Elegir mejor.

Utilizarlo en el orden adecuado.

Y ser constante.

Hay personas que tienen diez productos abiertos y siguen pensando:

“No sé qué debería utilizar.”

Y otras que tienen una rutina muchísimo más sencilla y saben perfectamente qué hace cada paso dentro de ella.

Yo hoy prefiero claramente lo segundo.

Menos comprar por probar. Más entender por qué utilizo cada cosa.

¿La misma rutina sirve para todas las pieles?

Yo no trabajo así.

Cuando alguien me pregunta:

“Vanessa, ¿qué rutina me compro?”

no me gusta responder automáticamente:

“Esta.”

Primero prefiero saber un poco más.

¿Cómo notas tu piel?

¿Qué utilizas actualmente?

¿Qué te preocupa?

¿Tienes una rutina o empiezas prácticamente desde cero?

¿Qué productos estás utilizando ya?

¿Qué buscas mejorar?

Porque una cosa es explicar los cuatro pasos que sigo yo y otra muy diferente decidir qué productos concretos tienen sentido para ti.

Por eso prefiero personalizar la recomendación.

Mi rutina ahora forma parte de mi autocuidado

Hay otra cosa que me gusta mucho de todo esto.

Para mí ya no es:

“tengo que echarme las cremas.”

Es un pequeño momento de autocuidado.

Y no necesito una hora.

No necesito una estantería llena.

Necesito unos minutos.

Mañana y noche cuando puedo.

Mis productos.

Mis cuatro pasos.

Y constancia.

Después de tantos años poniendo el foco en cuidarme —desde que nació mi hijo y muchas de mis prioridades cambiaron—, creo que esto forma parte de algo mucho más grande.

No busco una piel perfecta.

Busco cuidarme bien.

Y para mí cuidarme bien también significa entender mejor las decisiones que tomo.

¿Quieres saber qué rutina podría encajar con tu piel?

Si has llegado hasta aquí porque estás pensando:

“Vale, pero yo no tengo ni idea de qué debería utilizar”

tranquila.

A mí me parece mucho más normal eso que tenerlo todo clarísimo.

Puedes escribirme PIEL.

Te haré unas preguntas sobre tu piel, los productos que utilizas actualmente y lo que estás buscando.

Y a partir de ahí puedo orientarte y prepararte una propuesta de rutina adaptada a ti.

Sin obligación de comprar nada.

Primero vemos qué necesitas.

Después decides.

QUIERO HACER MI TEST DE PIEL

Porque para mí el objetivo no es que tengas más cosméticos en el baño.

Es que los que tengas tengan sentido para ti.

Este artículo recoge exclusivamente mi experiencia personal con mi rutina cosmética y los productos que utilizo. La experiencia de cada persona y cada piel puede ser diferente. El contenido no sustituye el consejo de un profesional sanitario o dermatológico cuando exista una necesidad médica o dermatológica.

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